domingo, 2 de julio de 2017

Colapso en los juzgados de violencia de género en Bilbao


Maite Iturrate, abogada de la asociación Clara Campoamor, frente a los juzgados de Bilbao.
Maite Iturrate, abogada de la asociación Clara Campoamor, frente a los juzgados de Bilbao. / Manu Cecilio






El mostrador del juzgado de violencia sobre la mujer número 1 de Bilbao es un hervidero desde primera hora de la mañana. Esta semana están de guardia encubierta, no reconocida ni retribuida. La tensión se palpa. «Aquí tienes que sacar el carácter», advierte uno de los funcionarios. Quien acude hasta uno de estos órganos especializados puede estar pasando por el peor momento de su vida y lo que le espera exige grandes dosis de paciencia. «Hola, ayer me llamó la Ertzaintza porque me ha denunciado mi expareja», se presenta un joven, que llega acompañado de una chica, que parece ser su actual novia. El funcionario que atiende el mostrador, denominado de auxilio, le pide que le acompañe «al piso de arriba», donde en un hall sin vigilancia toca esperar a los presuntos maltratadores. 

Pasar una mañana en los pasillos de los dos juzgados de violencia sobre la mujer de la capital vizcaína ayuda a entender las quejas por «estrés y agotamiento laboral» de los gestores, tramitadores y agentes, extensible a los magistrados, letrados y a todos los ciudadanos, entre ellos víctimas, investigados y testigos. No dan abasto para atender el creciente número de casos que llegan, 563 en lo que va de año. Sólo de Penal y en Bilbao, 70 más que en el mismo período del año anterior. Y otros 110 de Civil. En 2016 se tramitaron en total 1.273 atestados. 
Según los datos globales facilitados recientemente por el Consejo General del Poder Judicial, en el primer trimestre de este año se ha incrementado un 20% el número de denuncias por violencia de género y un 9% las órdenes de protección, por lo que en la actualidad 40.509 mujeres figuran como víctimas de malos tratos en España. 
Los trabajadores califican la situación de «insostenible». El horario de audiencia se extiende de nueve de la mañana a una de la tarde, y sólo en ese tiempo se llena la agenda, en la que caben cuatro casos. Se han dado días en que se han duplicado, lo que les obliga a alargar el horario, en ocasiones hasta las siete u ocho de la tarde. «Si la Policía te trae a un detenido al mostrador, lo tienes que tramitar», asumen. A partir de las 13 horas, los atestados son derivados al juzgado de guardia, uno de los diez de instrucción que hay en Bilbao y que antes de 2005 se encargaban de la violencia de género, aunque sólo para resolver las medidas urgentes, como las órdenes de protección. 
«Cuidado, puede ir a prisión»
«A las víctimas les aconsejo que se lleven comida o algo de picar, que se cojan el día libre, que cuenten con que no van a poder ir a recoger a los niños». Maite Iturrate, abogada de la asociación Clara Campoamor, ha pasado muchas horas en los dos juzgados especializados en violencia machista -creados hace doce años-, asesorando a mujeres que han interpuesto una denuncia contra su maltratador. «Es una locura», describe. «El primer momento es una barbaridad, entras a las nueve de la mañana e igual no sales hasta las cinco de la tarde o más». «Esos días los doy por perdidos, no fijo ninguna cita».

«Resolvemos el expediente entero», explica una de las gestoras, que admite sin reparos que hay días que ni come. Toman declaración a la víctima y al investigado, que deben estar físicamente separados, ellas en una sala y ellos en la planta superior, sin ninguna vigilancia. También a los testigos. Tramitan las órdenes de alejamiento y hacen juicios rápidos. 
En estos momentos hay cinco invesdtigados en el piso de arriba y unas doce personas, entre abogados, intérpretes y testigos, en las dependencias. Una joven, que no tiene más de veinte años -con coleta y un jersey de Mickey Mouse-, se aproxima al mostrador con la intención susurrada de «retirar una denuncia». Tras consultar el caso, la funcionaria le advierte de que «es imposible». «Hay una sentencia de conformidad y usted ha solicitado una orden de alejamiento». La chica admite que el joven al que denunció y que tiene prohibido acercarse y comunicarse con ella, le ha llamado. «Tened cuidado porque si os pillan, él puede acabar aquí o en la cárcel», le asesora la profesional. 
En cada juzgado hay una decena de funcionarios, entre gestores, tramitadores y agentes de auxilio. Pero lejos de conseguir una plantilla formada como pretendía la Ley integral de Violencia contra la mujer, «en su mayoría son interinos porque los titulares, en cuanto pueden, se van». Según dicen, se trata de uno de los «peores» destinos. «Nunca sabes a qué hora vas a salir». Pese a que no está contemplado, realizan «guardias encubiertas» no remuneradas. Los juzgados se turnan. Una semana cada uno.
Una de las funcionarias, recién llegada, lleva sólo este mes «45 horas de más y eso es imposible que lo recupere, no hay días en el calendario». El sindicato LAB ha presentado un escrito ante el juez decano solicitando que la Junta de Jueces trate el asunto para «aliviar» las condiciones laborales y establezca una «nueva organización». La central propone que una vez que la agenda esté llena, los casos pasen directamente al juzgado de guardia sin esperar a la una de la tarde. Ponen como ejemplo el caso de Getxo donde, aunque no hay un juzgado específico, sí hay uno designado para la violencia de género con un funcionario especializado. «Si allí se puede hacer, ¿porque aquí no?». «La incidencia real en estos órganos va a ser mínima», sostiene Loreto Cabo, de LAB.

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